viernes, 1 de marzo de 2013

DECÁLOGOS APRÓCRIFOS Y TRADICIONES REALES

 
Circula en Internet un texto que se titula Cristina Fernández de Kirchner y la Escuela de Frankfurt. Este artículo pretende desmontar tamaña locura y reflexionar sobre sus diversas temáticas. Acá el link: http://site.informadorpublico.com/?p=17136
Estamos ante un texto urdido desde el disparate: cultiva atribuciones arbitrarias, prejuicios ideológicos, confusión histórica y paranoia homofóbica. Veámoslo en profundidad.
Empecemos por la escuela de Frankurt.
El autor del texto reduce a este movimiento filosófico y cultural a un par de ateos "que rompieron con Dios" y pretenden lo mismo para toda la población. Esta pavada, sin fundamento, omite que "Dialéctica de la ilustración" (de Adorno y Horkheimer) es un libro que plantea una fuerte crítica al fascismo y a la técnica occidental. Se sostiene a partir de un conjunto de hipótesis que evidencian el lado oscuro de la Razón capitalista. Traza un arco fundamental que lleva desde el concepto de iluminismo alemán y francés hasta los campos de concentración nazis. Tamaña pavada, escrita en plena guerra mundial.
El texto revisado, que tacha de ateos a los frankfurtianos, también omite un nombre fundamental: Walter Benjamin. Uno de los nombres más importantes en el pensamiento del siglo XX, autor de libros fundamentales y gran escritor. Alemán, judío. Si bien no se lo puede reducir a la escuela de Frankurt, Benjamin emergió de este contexto y era amigo personal de Adorno. Ambos, con diferencias, pretendían refundar el marxismo y repensar la dialéctica. En el caso de Benjamin, con un desgarrador mesianismo judío, lleno de dramáticas búsquedas trascendentes (no hay ateísmo en él, como vemos). Un hombre que tuvo que exiliarse en Francia, perseguido por los nazis. Un hombre que intenta escapar de aquella Francia ocupada: cuando llega a Portbou, en la frontera hispano-francesa, para embarcar hacia Nueva York, encuentra dicha frontera cerrada. Ante la imposibilidad de poder irse, se SUICIDA. Al día siguiente, ya muerto Benjamin, la frontera se abre. Una tragedia.
La escuela de Frankfurt fue la propulsora de grandes pensadores (también mediocres, como el caso de Erich Fromm). Sí, sus fuentes provenían de Marx y Hegel, pero nunca de modo homogéneo, nunca de un modo tan reduccionista. El nombre de Kant y del idealismo alemán abre un ramillete infinito de referencias bibliográficas.
Si los funcionarios más importantes de nuestro país visitan la sede de esta escuela, la refieren con respeto y firman convenios con ella, significa que muestran una filiación política y un conocimiento del complejo entramado intelectual e histórico cultural del siglo XX.
Digo todo esto para asomarnos a la complejidad de un tiempo, de biografías dispares, de polémicas en torno a la filosofía y la política. Lo que muchos grupos llaman "marxismo cultural" no puede ser pensado así, a la bartola. No es lo mismo el marxismo del siglo XIX, Lenin, Gramsci, Mao, el Che o los posmarxistas. Gramsci, por ejemplo, es uno de los pensadores políticos más importantes del siglo XX, que jamás escribió un decálogo fomentando "la homosexualidad en los niños" (¿es serio que alguien crea en la veracidad histórica de semejante frase?). ¿Cuál es la fuente de semejante cita?
Para desmontar este mecansimo, podemos apelar al psicoanálisis y a nuestro contexto actual. Ensayo una traducción de los pensamientos hacia los cuales este decálogo apócrifo quiere inducirnos:
1) Fomentar la desintegración familiar ("CLARO, COMO HACE EL GOBIERNO CON MEDIDAS COMO EL MATRIMONIO IGUALITARIO, LA ADOPCIÓN DE PADRES PUTOS Y LESBIANAS");
2) Hacer depender a los ciudadanos del Estado o de los beneficios del Estado ("SÍ, LO HACEN LOS K CON LOS PLANES ASISTENCIALES PARA MANTENER VAGOS Y NEGROS CABEZA");
3) Mantener un sistema legal desacreditado, con prejuicios contra las víctimas del delito ("CLARO, COMO PASA ACÁ, LOS DELINCUENTES ENTRAN POR UNA PUERTA Y SALEN POR LA OTRA. EL GRAVE PROBLEMA DE LA INSEGURIDAD");
4) promocionar el vaciamiento de las Iglesias ("SÍ, YA PERÓN HACÍA ESTO TAMBIÉN, PONÍA BOMBAS EN LAS IGLESIAS");
5) promover el consumo excesivo de bebidas alcoholicas ("AHÍ ESTÁN LOS VAGOS EN LAS ESQUINAS ESCABIANDO CERVEZA Y ROBANDO");
6) promover migraciones para destruir la identidad ("COMO DIJO MACRI, BUENOS AIRES ES UN COLADOR, ENTRAN PARAGUAS Y BOLITAS Y NOS SACAN EMPLEOS, USAN NUESTROS HOSPITALES Y MANDAN SUS HIJOS A NUESTRAS ESCUELAS");
7) fomentar la destrucción de la autoridad en los Colegios y Universidades ("ESO, COMO PASA ACÁ QUE TOMAN ESCUELAS Y HACEN POLÍTICA EN VEZ DE ESTUDIAR");
8) suscitar la invención de delitos sociales ("PARA ROBAR MÁS Y MEJOR");
9) El cambio continuo para crear confusión ("TODAS LAS MEDIDAS PARA CAMBIAR LAS COSAS EN VERDAD SIRVEN PARA DISTRAER DE MATUFIAS")
10) Fomentar la homosexualidad en los niños ("ESO PASARÁ CUANDO SE IMPLEMENTE EDUCACIÓN SEXUAL EN LAS ESCUELAS").
Con lo cual tenemos el despliegue delicioso de una imaginación paranoica, a partir de un pensamiento articuladamente xenófobo, homófobo, fascistoide y ultracatólico.
El decálogo de Lenin, también apócrifo, posee algunas delicias de la manía persecutoria de este escriba de caso clínico. Pero sobre todo hay un evidente error: cuando en el decálogo se refiere al control de los medios masivos ("¡LA LEY DE MEDIOS K!"), y dice que Lenin lo escribió en 1913, se cae de maduro que, en ese tiempo, los medios no tenían la masividad actual. Habría que pensar si en la Rusia Zarista existía otro tipo de prensa que no sea la escrita (lo desconozco). Y si la Inflación era un problema para la economía de aquel tiempo (una economía todavía inscripta en el atraso feudal, no industrializada). Está claro que expresiones del tipo "medios de comunicación masivos" no podrían estar en la escritura de Lenin. Dichas expresiones se cristalizaron más adelante.
Este decálogo tiene la misma lógica que el anterior de Gramsci.
Es decir, establecer una continuidad histórica entre kirchnerismo y marxismo-leninismo. Esto sucede a partir de dos invenciones de raigambre psicótica: un kirchnerismo leninizado y un leninismo kirchnerizado. Ambos parten de dos creaciones fantasmales, inexistentes: el leninismo del decálogo apócrifo y el kirchnerismo leninista, incrementado con falsificaciones textuales de poca monta. Un procedimiento que, más que responder al análisis político, responde a delirios de persecusión o a literatura de Borges.
Esto, que causa gracia, también debe hacernos reflexionar. Porque, si un discurso así circula, significa que hay un sector de la población identificada con dichos pensamientos enfermos, violentos que socavan de un hondazo tradiciones políticas y culturales y hacen de la ignorancia un ejercicio de destrucción. Internet, a veces patria del dislate, alberga tanta bilis ideológica trasnochada que deberíamos tener más reparo.
Por último, la conclusión del texto -tributaria de falacias- también puede refutarse interrogando la identidad política del kirchnerismo. Soy expeditivo en este asunto: para mí, no hay marxismo en el kirchnerismo.
En efecto, la pregunta por la identidad de un conjunto político es ardua y tal vez lleva décadas, vidas; acaso siglos. ¿Cuáles son los textos políticos del kirchnerismo? ¿Qué tradiciones intelectuales, culturales e históricas continúa? ¿Cómo se construye un partido, un movimiento? ¿Cuáles son sus referencias en la historia? Debemos preguntarnos todo esto. Pero no hay respuesta.
Yo creo que no hay marxismo en este gobierno. Hay, sí, un impulso desarrollista, neokeynesiano. Hay una comprensión de la trama capitalista, pero en su necesidad de acentuar su aspecto industrial contra su rapacidad financiera. Hay en ello contradicciones, dicho sin inocencia hegeliana. Y acá sí podríamos hablar de dialéctica, aunque jamás de modo superficial: la dialéctica de las fuerzas productivas, del aparato estatal, de las clases sociales, etc. El kirchnerismo es inherentemente capitalista, pero en una dimensión industrial, intervencionista (esto jamás puede ser marxismo, que pretende, a pesar de sus distintas derivaciones, superar al capitalismo). No creo que el kirchnerismo sea un lenguaje apropiado para pensar una hipotética superación del capitalismo.
A su vez, el kirchnerismo adhiere con simpatía al proceso de transformación de América Latina. Pero tampoco se puede hablar de marxismo acá, sino de: Tercermundismo, Indigenismo, Populismo, Feminismo, etc. Pliegues culturales, identidades políticas provenientes de movimientos de resistencia, que han hecho sus críticas al marxismo tradicional y han pretendido superarlo, muchas veces con errores.
El único punto de contacto entre Gramsci y el kirchnerismo, tal vez, sean los textos de Laclau y muchos funcionarios del gobierno de formación gramsciana (Horacio González o Coscia, entre otros). Por ejemplo, el concepto de "hegemonía" o "antagonismo", tan de moda, proviene de Gramsci. Pero este gramscismo es tan liviano, que no podemos atribuirle peso.
Por último, el kirchnerismo traza una fuerte línea de identificación con los setenta, en cuanto a la memoria y su política de Derechos Humanos. ¿Remitir a los setenta es un gesto marxista? No lo sé. Si pensamos en la biografía de Néstor y Cristina, encontramos a la JP, la Juventud Peronista. Esta cuestión reputa gran complejidad, porque la reivindicación de los setenta se hace, hoy, básicamente desde el Estado, desde la memoria emotiva de un peronismo que incorpora a Evita, a Cámpora, a la Juventud y a Perón.
La pregunta por los setenta nos lleva, entre otras cosas, al dilema marxismo y peronismo. Nos hace pensar en la historia de sus cruces, de sus mutuas tragedias y, tal vez, de sus pujas ideológicas a veces feroces, de sus batallas sindicales a veces sangrientas, de su posible fusión o conjunción siempre paradójica y, quizá, imposible.
La discusión del kirchnerismo es importante y necesaria. Debemos hacerla con honestidad y profundidad.
Asimismo, la pregunta por nuestras tradiciones intelectuales, culturales y espirituales (cristianismo, catolicismo) resulta primordial en cualquier civilización política. Pero no podemos aceptar tergiversaciones miserables, que en el fondo pretenden la destrucción de legados, la negación del presente y la secreta nostalgia de tiempos oscuros.

jueves, 27 de septiembre de 2012

ELOGIO DEL VINO


             A pesar de la distancia impuesta por los siglos o las geografías, siempre hubo destinos similares. Claro, los hombres se parecen. Pero hay vidas que, en el azar del tiempo, encontraron motivaciones próximas, sufrieron los mismos pesares o se estimularon ante idénticos perfumes. En este sentido, un análisis sociológico de las diversas épocas podría constatarlo y levantar una lista de hombres o mujeres de simétrica existencia.
            A esa lista imaginaria yo quisiera agregar dos nombres. Nombres de grandes poetas signados por la soledad, el aislamiento, el ansia del saber, el alcohol y una fama póstuma: Omar Khayyám y Fernando Pessoa. A su vez, quisiera mencionar puntuales aspectos que hermanan sus poéticas: el elogio del vino y la lucidez ante las supersticiones religiosas y filosóficas (quizá pueda filtrarse un tercer hombre en todo esto, un filósofo loco).
            Empeceos por asuntos biográficos. Khayyám nació en Nishapur, Persia, alrededor del año 1040 DC, donde murió octogenario. Allí y en la ciudad de Balj, recibió instrucción en los temas de las ciencias y filosofía. En 10710, se trasladó a Samarcanda, donde el patrocinio del jurista Abú Taher le permitió completar su "Tesis sobre demostraciones de Álgebra y Comparación". Con ella logró gran reconocimiento y prestigio. Omar Khayyám, también, realizó importantes investigaciones en astronomía, practicó la medicina, escribió sobre alquimia y metafísica. Modificó tablas astronómicas y formó parte de una comisión encargada de reformar el calendario musulmán. Desde entonces se adoptó una nueva era, conocida como jalaliana o el Seliuk. En 1092 realizó su peregrinación a La Meca, según la costumbre musulmana y a su regreso a Nishapur trabajó como historiador y maestro en matemáticas, astronomía, medicina y filosofía entre otras disciplinas.
Así lo describe el escritor brasilero Christovam de Camargo:
“Era un torturado, ese elegíaco Omar Khayyám: torturado por el ansia de saber, siempre en la búsqueda del porqué de las cosas. Y como la ciencia no lograse apaciguar su espíritu, no le proporcionase el reposo que sólo encontraría en la verdad, y ésta era fugitiva e inasequible, abandonó estudios y meditaciones, esas laboriosas pesquisas cuyos resultados estaban lejos de satisfacerle. Desilusionado de todo, le pareció que la taberna, con el filtro mágico de las ánforas y toneles, pondría fin a tamaño desconcierto, sería el último abrigo de su alma desconsolada. Allí se refugió y fue componiendo esos versos llenos de una angustiada alegría (…).”
Esos poemas se llamaron Rubaiatas. Se trató de estrofas de cuatro versos, caracterizados por un lenguaje directo, a veces epigramático, que oscilaba entre lo lírico y lo metafísico. 
Por otro lado, Fernando Pessoa.
El poeta portugués nacido en 1888. Un hombre solitario que supo dedicarse al comercio, al periodismo, a la literatura. Se ganaba la vida como traductor y, por la noche, escribía poemas. Como sabemos, la gran audacia de Pessoa fue su propuesta de consumar una obra poética a través de heterónimos: Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares. Cada uno de estos personajes tenía una entonación propia, una voz, una estética y una filosofía. Pero mejor honremos al poeta y dejemos esta reseña en sus justos límites:
 
   Si después de yo morir quisieran escribir mi   biografía
no hay nada más sencillo.
Tiene sólo dos fechas:
la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra todos los días son míos.
 
            Así lo escribió Pessoa y debemos acatarlo.
            Pasemos ahora a los destinos parecidos. La soledad, la poesía y el aislamiento. Las poéticas hermanadas entorno al vino.
            Escribió Khayyám:     
 
             Oye, amigo,
             el buen consejo:
             Antes de que los pesares
           destruyan tu corazón,
             y antes
            que el manto sombrío de la noche
            venga a ocultar
            los últimos reflejos del atardecer,
           lleva para tu alcoba
           el vino color de rubí.
          Y Pessoa:

Trueca por vino el amor que no tendrás.
Lo que esperas lo esperarás por siempre.

Lo que bebes, te lo bebes. Mira las rosas.           

            En la comparación de estas estrofas la voz poética en imperativo sugiere, aconseja la renuncia. La renuncia y su contracara: la elección del vino. El vino nos protege de “los pesares”, del “manto sombrío de la noche” y la espera eterna. Una condición metafísica de la vida ampara el acto de beber.          

            ¿No te diste cuenta,
            todavía,
            de que el vino es espíritu,
            de que él crea, educa, embellece,
            modela el verdadero hombre?

            Lejos encontramos al vino de la simbología y la superstición cristiana. El vino de Kayyám y Pessoa, más bien, es un remedio herético, un elixir de lucidez. En Pessoa, el vino nos despierta de la ilusión metafísica. Como se intuye, la religión, la moral y la metafísica han desarrollado a lo largo de los siglos un complejo entramado de farsas conceptuales en torno a la existencia de otro mundo, más puro, más noble que el habitado por nosotros. Y, de yapa, se pretendió quitar valor al mundo sensible, terreno de las pasiones y el instinto. Pero Pessoa, mientras bebe, se ríe amargamente de todo esto:         

            ¡Come chocolates, pequeña;
            come chocolates!
            Mira que no hay en el mundo más metafísica 
            que los chocolates.

            Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.            

Bueno, nombremos a Dionisio. Dios griego del vino. Personaje del cual se valió Nietzsche para ilustrar uno de los principales conceptos de su obra. Dionisio habita dentro de nosotros: es el impulso a la embriaguez, a lo orgiástico, a lo vital en estado puro. Dionisio tiende a la disolución, a la destrucción de los velos que impone Apolo, dios de la razón. Dionisio y su bebida mágica nos llevan al canto, a la alegría, a la afirmación en contra del nihilismo ascético.
Khayyám, ocho siglos antes que Nietzsche, escribía:

            ¿Por cuánto tiempo quedarás
            ajeno a la vida,
            perdiéndola
            de la satisfacción de tus instintos?

            ¿Hasta cuándo
            permanecerás así anonadado
            en la muda contemplación de la existencia,
            en la muda contemplación de la Nada?

            ¡Bebe vino, amigo! 

            El vino nos lleva al éxtasis de la embriaguez, único estado en que vale la pena vivir. Probemos sacarle a este mundo su ordenación jerárquica, su reducción apolínea, sus eternas fábulas metafísicas y encontraremos que su modo de ser es en la embriaguez de los sentidos. Lucidez = embriaguez. Y entonces Pessoa:         

            Nadie, en la vasta selva virgen
            del mundo innumerable, finalmente
            ve a los dioses que conoce.
            En la brisa se oye sólo lo que trae la brisa.

            Lo que pensamos, sea amor, sea dioses,
            pasa porque pasamos.                  

            En Khayyám, sin embargo, todo resulta más sorprendente. Pessoa fue un hombre del siglo pasado. Khayyám, en cambio, blasfemó en la oscuridad de su tiempo y supo hacer del vino un símbolo de lucha y de renuncia. Cuando el poeta descubre el tejido de lo real, sabe que no hay nada detrás, salvo el incesante hormigueo humano proyectando fantasmagorías. Alá no ha conseguido probar su existencia. El siervo justifica su servidumbre con la beatitud de otra vida. Y, mientras tanto, los gobernantes, los magistrados hacen correr sangre. Los despreciadores del cuerpo, los sacerdotes, los moralistas consuelan para que los cínicos profesionales gocen con su oro, sus mujeres y despotismo.  “Nosotros sorbemos el vid y vosotros edificáis leyes y decretos para chupar la savia de vuestras víctimas”.
            Khayyám prosigue, en otro continente y en otro sentido, la tradición de Epicuro. (Aunque parece más estimulante el vino del poeta que la dieta de pan, queso y  agua recomendada por el filósofo griego.)         

            Bebe vino,
            prenda de vida eterna,
            ¡único fin y razón de la existencia!

            Ves, ¡es la aurora del amor!

            Se abren las rosas
            y el céfiro
            nos embriaga con sus aromas.

            ¡Es la estación de los placeres!
            Mira
            ¡cómo todos deliran
    en la euforia
    de este momento excepcional!

Sé feliz un instante,
            pues la vida, amigo,
            no es más que ese instante…

             En el otro lado del muro y de los siglos, el hombre que llevó a cabo una de las más delirantes y sangrientas empresas contra la humanidad, supo decir: “No me gusta el vino. Me da siempre la impresión de que es una especie de vinagre. No obstante, de joven, intenté algunas veces beberlo; pero, a no ser añadiéndole azúcar, nunca he podido tragarlo.” Adolf Hitler era uno de los tantos despreciadores del cuerpo: vegetariano, abstemio, intolerante al tabaco. En su libro “Mein Kampf” apunta que el alcohol es uno de los males más graves de Europa. ¿Será que, detrás de los totalitarismos, también se esconde un odio a las pasiones? Una sociedad disciplina necesita, como sabemos, un cuerpo disciplinado. Y el ascetismo parecería ser parte ineludible de cualquier proyecto fascista.
            Dijo Khayyám contra los gobernantes, siempre sobrios: “Si estableciéramos comparaciones entre nuestras acciones y las vuestras, las nuestras tendrían más valor, por lo menos no serían tan nefastas”.
            Pero retengamos la idea de que la embriaguez es la única condición de vivenciar la esencia de este mundo. El pesimismo de Pessoa y Khayyám, en efecto, se trocaría en sensualismo o hedonismo moderado.  Pessoa señala, a lo largo de su obra, la imposibilidad de conocer, la indiferencia de lo real, la incompatibilidad entre nuestro lenguaje y la naturaleza. Pero también nos invita a oler las rosas, a saborear el instante. 
            La lucidez embriagada, por último, lleva a desbaratar el edificio completo de las ficciones que comenzó con Dios, el Ser o Alá. Y siguió, a través de las agua de las centurias, con más personajes: el Alma, la Inmortalidad, el Deber, la Fortuna, el Estado, el Cuerpo Sano.  
De lo que se trata es de desmontarlos.  

Peores males hay que estar enfermo, 
dolores hay que no duelen ni en el alma 
y que dolorosos son más que los otros. 
Hay angustias soñadas más reales 
que las que trae la vida, hay sensaciones 
sentidas con sólo imaginarlas 
más nuestras que la propia vida. 
Hay tanta cosa que sin existir 
existen, existen demoradamente 
y demoradamente son nuestras... 
Sobre el verde turbio del anchuroso río, 
los circunflejos blancos de gaviotas. 
Sobre el alma, el aleteo inútil 
de cuanto no fue, ni pudo ser, y es todo. 

Dame más vino, que la vida es nada. 

            Y, a la vez, de lo que se trata es de poder vivir en la realidad.

            Renuncia a todo
            en este mundo-
            fortuna, honores, poder.

            Desvía tus pasos
            de todo camino
            que no te conduzca
            a la taberna.

            ¡Nada pidas
            ni desees
            sino vino, canciones, música, amor!      

            Noble y hermoso mancebo,
            coge el odre,
            empuña la copa.

            ¡Bebe!

            Pero, ¡cuidado!
            ¡No seas frívolo,
            no hables en vano!

jueves, 16 de agosto de 2012

AUTOPSICOGRAFÍA


Canto sobre el paisaje de la noche.
Sombríos álamos de la luna acechan.
Fulgores, capitolios de aire,
círculos y bóvedas,
cruces, espanto.

El canto de una voz
en inmensidad,
yo, dueño de mi sufrimiento,
río en espléndida quietud desesperada,
bailo en cuerdas líquidas de astros
y sé que la alegría
está a la vuelta del abismo,
en curva, a mediodía.

Nada será, repite otra voz,
sin antes ocaso.
Y allá me hundo, donde el crepúsculo arrebata
y allá me hundo, donde el crepúsculo  arrebata.

Canto porque aprendí a cantar
y porque no hay más que mi voz
y la danza de su aire,
la respiración de su destino,
los pulmones del horizonte
que soplan
(qué soplan)
la canción del tiempo,
uno y muchos,
muchos y uno, compases.
La luna.

Sólo cantarás si en tu anillo no anuda la venganza,
repite otra voz, la misma vez, que es siempre  otra.

Y allá me hundo, más allá de la recta y la lira,
y allá me hundo, más acá del círculo y el crepúsculo.

Sé que la alegría
está a la vuelta del abismo,
en curva, a mediodía.

Y acá me hundo, para sacar mi cabeza libre.

lunes, 9 de julio de 2012

MARILYN AND MOLLY


Mientras espera la otra belleza,
Marilyn se sienta. La tarde trae
ese perfume del puente Brooklyn,
las voces de las brujas de Salem.

Marilyn lee mientras espera.
Y Molly Bloom, a su lado, piensa:
I yes to say yes my mountain flower and first
I put my arms around him.
No hay nada que temer,
salvo el propio miedo, piensa a su vez Marilyn
al oír el susurro de Molly.

La tarde, poco a poco, se pierde.
Como los coches del puente
porque desde arriba no hay dolor:
el asfalto invita a la danza del alma.

Molly susurra:
yes and drew him down to me so
he could feel my breasts.
Dormir y descansar la pesada cabeza
en su pecho pues mi amor todavía
duerme junto a mí, Marilyn escribe
y su mirada y su boca eternas
perdiéndose en las páginas.

Ha pasado la tarde. Llega la noche.

Y danzas del alma me esperan
y entonces ellas nos susurran:
and his heart was going like mad and yes.
Molly desfallece en mi cama: And yes.
Marilyn duerme conmigo. And yes.
Marilyn, Molly, la otra belleza que se nos acerca
y encima las brujas gritan:
Sí dije sí quiero
¡Sí!

jueves, 14 de junio de 2012

NUEVAS APORTACIONES PARA UNA ESTÉTICA CONTEMPORÁNEA

Amigo,
me escribiste un mail tan hermoso que todo esto te sonará estúpido y sí, abandoné mis escrúpulos y ahora soy feliz
porque conseguí una mujer tan hermosa
porque conseguí un gatito tan tierno
y los sueños de un motor de barco y las lenguas
para senos en pasas de higo y los ceros para nubes voluptuosas me han abandonado
amigo, me escribiste un mail tan hermoso que qué pena que quizá no quieras creerme,
pero soy feliz
tal vez deberías tener un gato o una mujer hermosa
eso te permitiría escribir sonetos componer milongas o sinfonías

la punza del hastío, como trigal, quitará sus púas del espejo y deberías verlo
incluso puedo comer una torta en paz.

sábado, 7 de abril de 2012

COPLAS PARA EL PELADO CORDERA


De pie me siento a festejar
el desnudo del pelado,
rey león descerebrado,
vil demente de los de atar.

Prosapia de locos, poetas.
Yo bailé en sus recitales
sus odas bien infernales,
entre hociquitos y tetas.

Su pitito nos recuerda
que los mapuches derraman
sangre y vida en tierras que aman

y el ruin capital da cuerda.

Su pitito es luz y faro,
contrapoder, rebeldía
de la gran sabiduría
de la carne sin amparo.

¡La bomba loca en pelotas
es el verdadero espejo
de las almas sin complejos,
che, de los "piese" sin botas!

Oh, el cuerpo será así bello
si se alumbra en el destello
y se saca el uniforme
que hace al corazón deforme,

a la mano una asesina,
a la madre castradora
y a la bilis redentora
de una hermana argentina.

"Sé ti mismo, así, en tarlipes
sin Pinochos ni Videlas,
sin cruces ni pasarelas
ni resquemores ni gripes".

Máxima suprema del bien,
que me atengo presto a cumplir
para no, ay de mí, sucumbir
a tanta moralina, amén.

jueves, 23 de febrero de 2012

LAS DESVENTURAS DE SATÁN


Empiezo por una confidencia: en los aciagos tiempos de mi pubertad busqué, infructuosa y obsesivamente, un encuentro con Satanás. Ansiaba beber de su sombra, sorber la esencia de su poder y su fuego. Sabía entregarme, para ello, a todo tipo de ritual, de invocación, de compañías patéticas y marginales, de crímenes sin importancia. Pero, habiéndome hecho ateo a los dieciocho, desistí de la persecución y comprendí que no necesitaba, ya, buscar a nadie. El universo está hecho de pura ausencia, me decía.


Hace unos meses, sin embargo, Satán me cruzó por una plaza. Los pormenores de la anécdota estarán resumidos en dos cuentos de mi próximo libro (uno de ellos ha sido publicado en este blog y puede leerse aquí, en el post de abajo).


En este escrito quisiera analizar, desde una perspectiva más conceptual, aquella experiencia.


Si bien se trató de un diálogo lacónico, pude extraer algunas conclusiones interesantes:


Desde que Nietzsche decretó la muerte de Dios, Lucifer perdió su antagonismo fundamental, la fuente absoluta de su Poder. Estropear, con eficacia, la torpe y magnánima Obra divina se convirtió en el emblema de la rebelión metafísica y en ejemplo de las posibilidades de resistir y de constituirnos, aún a pesar de cargar con maldiciones y estupros, en seres libres. Pero, como dice un amigo mío, la muerte de Dios es espectral. Veamos esto despacio.


“Espectral” indica que, en el teatro donde la humanidad monta sus fantasías sangrientas, dios -ahora con minúscula- ejerce su danza y su acto de ventriloquía, irguiéndose como un fantasma cuyo nombre explica - entre otras calamidades - las luchas territoriales, los conflictos bélicos, las lágrimas de los fieles huérfanos, las poesías sin médula de menesterosos poetas. Esta muerte –espectral- vacía de contenido las atrocidades de Satán y su identidad, basada en la frontera que su oposición a la totalidad divina supo establecer, se desvanece. El Diablo, por lo tanto, se convirtió en un ente más.


Otro ente más en la indiferencia del caos del cosmos.


En nuestra reunión le pregunté si los actos terroristas, las torturas, las canciones pop, el capitalismo financiero, la televisión y demás no eran, después de todo, la patria del Mal. Me respondió, enjuto, que no. Luego de la muerte de Dios, no hay Mal. Hay lo malo. Y que, incluso en ese caso, todo se alinea a la banalidad de algún burócrata o a la torpeza de un mediocre masificado.


El hombre es responsable de lo diabólico, comentó.


Yo sólo soy invocado por gente idiota y afectada por amaneramientos milenarios. No me reconozco en ninguna obra atroz de este mundo.


Transmito aquí, para concluir, su pedido. Su especial pedido.


Necesito de la valentía de un Hombre, de un Discípulo real, de un Ser capaz de proclamar, sin temor a las tempestades y a los improperios estelares, mi muerte. Necesito que la tierra, desprendida de Dios, pueda eclipsar mi Nombre y hundirme, por fin, en la Nada universal. Necesito morir y acabar este periplo de soledad, extravío y exilio. Alguien debe decir, de una vez por todas: El Diablo ha muerto. Lo suplico a quien escuche mis palabras.


Bueno, hago el intento:


El Diablo ha Muerto.